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Lucas 18, 1-8: Dios Hará Justicia A Sus Elegidos Que Claman A Él.

18 de Noviembre 2023     Freddy Araya    

19-12-2018

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+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas

Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: “En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: «Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario».
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: «Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme»”.
Y el Señor dijo: “Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia.
Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Entramos en el capítulo dieciocho del Evangelio según San Lucas que estamos leyendo en forma semicontinua y avanzamos en la tercera parte del viaje de Jesús hacia Jerusalén (Lc 17,11-19,28). Este capítulo se inicia con dos parábolas breves de Jesús: la del juez y la viuda y la del fariseo y el publicano. Hoy nos corresponde leer la primera. Esta parábola del juez y la viuda es propia de San Lucas y es similar a la del amigo inoportuno (Lc 11,5-8) que también es propia de Lucas. En la espera de la venida del Hijo del Hombre (Lc 17,20-37) el ejemplo de la perseverancia de la viuda pobre frente al juez malvado es una fuerte enseñanza de Jesús sobre la oración, por eso dice el Señor que es necesario “orar siempre” y “sin desanimarse”. La parábola nos presenta a un juez inicuo y una viuda pobre; el juez no le hace justicia a la viuda, porque sólo le interesa estar bien con los poderosos, no le interesan ni Dios ni los hombres y, seguramente, el adversario de la viuda es rico; por otro lado, la viuda, al ser pobre no tiene como sobornar al malvado juez para que le haga justicia, así que sólo le queda insistirle y pedirle una y otra vez: “te ruego que me hagas justicia contra mi adversario”. Al final, el juez, no por ser justo, sino por la insistencia de la viuda que le molesta, decide hacerle justicia. Terminada la parábola Jesús agrega sus palabras diciendo y, llamando la atención de los discípulos, que, si ese juez malvado fue capaz de hacer justicia ante la insistente petición, con mayor razón Dios escucha siempre a quienes acuden a Él en la oración confiada y perseverante y les hace justicia “en un abrir y cerrar de ojos”.

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¿Cómo es mi vida de oración? ¿Me doy espacios o momentos de diálogo personal con el Señor? ¿Le confío a Dios mis alegrías y mis penas, mis triunfos y fracasos, lo que le agradezco y lo que necesito?  

Categories: Evangelio diario

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