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Lucas 18, 9-14: El Publicano Volvió A Su Casa Justificado

18 de Marzo 2023     Freddy Araya    

09-10-2018

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+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola:
Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas”.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.

Palabra del Señor.

Reflexión

Vamos avanzando en nuestro camino hacia la Pascua de Jesús. Hoy terminamos esta tercera semana del Tiempo de Cuaresma con la Parábola del fariseo y el publicano narrada en el Evangelio según San Lucas. Cada vez que el Señor dice una parábola es para interpelar a alguien; en este caso Jesús enseña esta parábola para interpelar a algunos que se tienen a sí mismos por justos, y por ese motivo desprecian a los demás. Los dos personajes de la parábola son conocidos para la audiencia. El fariseo ora de pie, probablemente orgulloso de su “santidad” y “perfección”, el primer contenido de su oración es él mismo (“no soy como los demás”) el segundo contenido es el desprecio por los pecadores (“como ese publicano”) y el tercer contenido de su oración es como “sacarle en la cara” a Dios las cosas buenas que hace (“ayuno dos veces… pago la décima parte…”). El publicano, que sabemos que es un pecador público, despreciado por los judíos honestos, en cambio se mantenía a distancia sin siquiera levantar los ojos, probablemente porque se siente indigno de estar en la presencia de Dios y el único contenido de su oración es la confianza en la misericordia de Dios (“se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador”). Por eso el Señor dice que el pecador humilde ante Dios fue justificado, o sea declarado justo y no así el fariseo. Sobre este texto comenta San Agustín: «le hubiera sido más útil [al fariseo] mostrar, confesándolos, los males que le tenían enfermo a él, en lugar de ocultar sus heridas y osar gloriarse frente alas cicatrices ajenas. No es, pues, extraño que saliera más curado el publicano, que no tuvo reparos en mostrar lo que le dolía».

¿Cuál es el contenido de mi oración? ¿He caído en la soberbia de creerme justo y juzgar y condenar a los demás? ¿Soy capaz de reconocer con humildad mis pecados? 

Categories: Evangelio diario

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