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Mateo 8, 23-27: Levantándose, Increpó Al Viento Y Al Mar Y Sobrevino Una Gran Calma

28 de Junio 2022     Freddy Araya    

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+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo

Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a Él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: “¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!”
Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”.

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy San Mateo inicia el relato del segundo grupo de tres milagros: la tempestad calmada, los demonios expulsados y el paralítico curado; estos tres milagros terminan, cada uno, con una evaluación de la actividad de Jesús por parte de la gente. Leemos hoy el milagro de la tempestad calmada; en los versículos anteriores, el Señor ha hablado del seguimiento a su persona y de lo que ello involucra; por eso Mateo dice que Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron; la tormenta desatada en el mar de Galilea quiere reflejar las dificultades que implica, para los discípulos, el seguimiento de Cristo, la misma adversidad que el Señor recibió es también la adversidad que se manifiesta a los discípulos, los cuales en la barca se muestran asustados y con su fe en Jesús a punto de perecer. Los discípulos, hombres de poca fe, se muestran angustiados ante las exigencias del seguimiento de Cristo, se desesperan y Jesús los reprende por su falta de fe; inmediatamente Mateo nos dice que, para fortalecer a sus discípulos, el Señor se levantó (Mateo, majestuosamente, usa la misma palabra griega que se usa para decir resucitó, en este caso para decir levantó) y les mostró su poder sobre las fuerzas de la naturaleza para darles a entender que Él sigue siempre presente para salvarlos y alentarlos en la misión. Al respecto comenta San Pedro Crisólogo: «Cristo sube siempre a la barca de su Iglesia para calmar las olas del mundo, para conducir a los que creen en Él, con navegación tranquila, a la patria celestial y hacer ciudadanos de su ciudad a los que hizo copartícipes de su humanidad».

¿Siento que soy una discípula, un discípulo? ¿Soy alguien de poca fe, como dijo Jesús? En la alegría y el dolor ¿Confío en el Señor?

Categories: Evangelio diario

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