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Mt 4, 25—5, 12: Alégrense y regocíjense, porque tendrán una gran recompensa en el cielo

1 de Noviembre 2017     Freddy Araya    

1 noviembre

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+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 25—5, 12

Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
“Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”.

Reflexión

Al celebrar la Fiesta de Todos los Santos, el evangelio nos regala uno de los relatos de las bienaventuranzas, que están en el centro del mensaje de Jesús. Las bienaventuranzas no son un consuelo para los atribulados del mundo, sino más bien una invitación a eliminar las causas de sus tribulaciones. Jesús no está animando a las personas a una resignación pasiva, sino que animando a la comunidad a tomar acción decididamente para cambiar las cosas… para buscar el reinado de Dios. Así descubren la meta de la existencia humana. Una bienaventuranza es una felicitación, un reconocimiento que hoy damos a “todos los santos”. Seguramente conocemos personas que viven el espíritu de las bienaventuranzas: mansos, forjadores de paz, sedientos de justicia, pobres… en definitiva, todos los que orientan su vida hacia el Reino de Dios y así viven hoy la santidad.
En nuestro entorno ¿nos perciben felices por seguir a Jesús? ¿Qué testimonio de santidad estamos dando?

Categories: Evangelio diario

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