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Mateo 10,1-7: Vayan a las ovejas perdidas del pueblo de Israel

11 de Julio 2018     Freddy Araya    

sábado 14

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+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia.
Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: “No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”.
Palabra del Señor.

Reflexión

Mateo inicia el segundo gran discurso, el Sermón de la Misión. El cometido o la misión del discípulo es seguir a Jesús, el Maestro, formando comunidad con él y realizando la misma misión de Jesús: expulsar a los espíritus inmundos, curar toda dolencia y enfermedad. El foco de atención está puesto en el llamado a la misión, desde la misericordia y el cuidado a “las ovejas perdidas del Reino de Israel”. De algún modo, más allá de las barreras que algunos de los contemporáneos al Señor estaban promoviendo, con esta llamada a los Doce, se busca que el pueblo experimentara realmente su alianza con Dios, por eso, envió a los Apóstoles a renovar su entorno, a sanar y consolar anunciando la inminente llegada del Reino de Dios. Hoy resulta importante preguntarnos sobre la misión de la Iglesia, sobre nuestra propia misión.
Jesús llama a los discípulos. Su llamado tiene una doble finalidad: formar comunidad e ir en misión. ¿Cómo vivo esta doble finalidad en mi vida?

Categories: Evangelio diario

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