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El rostro de la misericordia 3

10 de Junio 2018     soporte    

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– Con qué afición y ternura de entrañas, con qué extremos de amor, la misericordia infinita de Dios provee a nuestra miseria, conoce él nuestra pequeñez e insuficiencia, la pobreza de nuestras ofrendas, la escasez de nuestros méritos y su corazón de Padre se conmueve. ¡Quiere perdonar nuestras culpas, quiere auxiliarnos, quiere hacernos participantes de sus largos favores!

– Apenas apareció Jesús sobre la tierra, San Juan al verlo dijo de Él: He aquí el cordero de Dios, el que borra los pecados del mundo. Sus contemporáneos lo acusaron de ser amigo de los pecadores y de comer con ellos. Este recibe a los pecadores. Esta era la acusación, la única fundada que se dirigió contra Jesús y esta acusación nos debe llenar de profundo consuelo. Para los pecadores fueron sus más hermosas parábolas: Él es el Buen Pastor que sale en busca de la oveja perdida y cuando la ha encontrado vuelve gozoso al redil.

– Hermanos, si tenemos pecados y ¿quién de nosotros no lo tiene? Acordémonos que Jesús es siempre el mismo: ayer, hoy y siempre. Vamos a su corazón herido por la lanza y dejemos caer en Él el fardo de nuestras culpas. Tengamos confianza, inquebrantable confianza en que su amor infinito es más fuerte que todas nuestras miserias, que todos nuestros crímenes. Pidámosle perdón y hoy como ayer su voz bendita nos dirá la dulce palabra: Hijo, vete en paz y no quieras pecar más.

– Por San Alberto Hurtado

– ¿Qué experimentas cuando oyes esta expresión: Hijo/a, vete en paz y no quieras pecar más?.

Categories: Buenas Noches

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